Leer despacio se vuelve un desafío en la era del video corto

La exposición constante a contenidos breves y cambiantes no permite afirmar por sí sola que los jóvenes hayan perdido la capacidad de leer textos complejos, pero la evidencia reciente sí alerta sobre problemas de atención y autocontrol que pueden dificultar ese esfuerzo intelectual.

Leer una novela, comprender un ensayo o seguir el argumento de un texto científico exige algo que las plataformas de video corto no suelen pedir: permanecer. Hay que atravesar una página sin recibir una recompensa inmediata, recordar lo leído unos párrafos atrás y relacionar una idea con otra aunque la conclusión todavía no aparezca.

Ese ejercicio cotidiano de concentración enfrenta ahora una competencia formidable. El desplazamiento continuo de videos de pocos segundos ofrece información, humor, noticias y entretenimiento con una velocidad que apenas deja tiempo para detenerse. El siguiente contenido siempre está esperando.

Una revisión sistemática publicada en 2026 en el International Journal of Adolescence and Youth analizó 23 estudios sobre consumo problemático de videos cortos en adolescentes y adultos jóvenes. Sus autores encontraron que la atención y el autocontrol eran las funciones cognitivas más afectadas entre los resultados estudiados, mientras que también aparecían asociaciones con dificultades de memoria, toma de decisiones y compromiso cognitivo.

El hallazgo merece atención, aunque también exige prudencia. La revisión señala que buena parte de los estudios procedía de China y que muchos tenían diseños transversales. Por eso, no permite afirmar que mirar videos cortos provoque directamente una pérdida permanente de atención. Lo que sí muestra es una relación suficientemente consistente como para justificar nuevas investigaciones y estrategias educativas.

Otra revisión sistemática publicada en 2026 en European Child & Adolescent Psychiatry llegó a una conclusión igualmente cautelosa al examinar los efectos neurocognitivos de las interfaces de video corto en jóvenes. El trabajo encontró señales relacionadas con atención, memoria y bienestar, pero subrayó la necesidad de valorar la calidad y certeza de la evidencia disponible.

La preocupación tampoco se limita al video. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos ha documentado que la distracción digital ya forma parte de la vida escolar. En promedio, uno de cada tres estudiantes de los países de la OCDE declaró que se distrae utilizando dispositivos digitales durante la mayoría o todas las clases de matemáticas. Además, quienes reportaron distraerse por los dispositivos de otros alumnos obtuvieron resultados significativamente menores en matemáticas.

El problema, entonces, no consiste simplemente en demonizar el teléfono. Las mismas tecnologías pueden ampliar el acceso a información y apoyar el aprendizaje cuando se utilizan con un propósito pedagógico claro. La propia OCDE señala que el efecto de las herramientas digitales depende de cómo se integran y de la capacidad de profesores y estudiantes para gestionar las distracciones.

Frente a este escenario, recuperar la lectura profunda no significa regresar al aula de hace medio siglo. Una estrategia más razonable consiste en enseñar nuevamente a sostener la atención. El What Works Clearinghouse, del Instituto de Ciencias de la Educación de Estados Unidos, recomienda para adolescentes la enseñanza explícita de estrategias de comprensión, el trabajo sistemático de vocabulario y las discusiones prolongadas sobre el significado e interpretación de los textos.

Eso puede traducirse en prácticas sencillas. Leer fragmentos cada vez más extensos sin interrupciones, pedir al alumno que explique con sus propias palabras la idea central, identificar qué evidencia respalda una afirmación y relacionar un párrafo con otro. También resulta útil detenerse durante la lectura y preguntar qué quiso decir el autor, qué información falta o por qué una conclusión resulta convincente.

El Instituto de Ciencias de la Educación recomienda además que los estudiantes trabajen con textos exigentes que los expongan gradualmente a ideas e información complejas. La lectura guiada no consiste en hacer el texto más fácil hasta volverlo superficial, sino en proporcionar las herramientas necesarias para atravesar su dificultad.

La verdad es que un adolescente no necesita abandonar completamente los videos cortos para convertirse en un buen lector. Necesita experimentar también el placer de comprender algo que no puede consumirse en treinta segundos. Una historia que tarda horas en revelar su sentido, un argumento que exige regresar a una página o una investigación cuyo significado aparece después de varias evidencias pueden parecer lentos en comparación con el teléfono. Precisamente por eso tienen valor.

La escuela enfrenta ahora una tarea que va más allá de enseñar a descifrar palabras. Debe ayudar a reconstruir el hábito de permanecer frente a una idea. Porque comprender un texto complejo no es solamente leer más tiempo: es aprender a pensar mientras se lee.