Decálogo docente

  1. Enseñaré para comprender, no para memorizar.

Mi propósito no es que el estudiante pueda repetir una respuesta, sino que pueda explicar por qué esa respuesta tiene sentido.

La memoria tiene un lugar en el aprendizaje, pero no puede sustituir la comprensión.

  1. Antes de dar una respuesta, procuraré provocar una pregunta.

No quiero que el estudiante dependa permanentemente de quien enseña.

Por ello, procuraré crear situaciones que despierten curiosidad, planteen problemas y obliguen a buscar explicaciones.

Mi función no es llenar espacios vacíos de conocimiento, sino despertar el deseo y la capacidad de llenarlos.

  1. El estudiante será protagonista de su aprendizaje.

El conocimiento no debe ser algo que el docente entrega y el estudiante recibe pasivamente.

El estudiante debe:

  • explorar;
  • preguntar;
  • experimentar;
  • equivocarse;
  • argumentar;
  • comparar;
  • construir;
  • explicar.

Aprender implica hacer algo con el conocimiento.

  1. Utilizaré el error como información, no como condena.

Equivocarse no significa necesariamente no haber aprendido.

Un error puede revelar:

  • una idea previa;
  • una estrategia;
  • una confusión;
  • una hipótesis;
  • una forma particular de razonar.

Por eso, procuraré preguntar:

“¿Qué podemos aprender de este error?”

antes que simplemente:

“¿Cuál era la respuesta correcta?”

  1. Conectaré el conocimiento con la realidad.

Una fórmula, un concepto jurídico, un acontecimiento histórico, una operación matemática o una herramienta tecnológica adquieren mayor significado cuando el estudiante puede comprender para qué sirven y dónde aparecen en el mundo.

Por ello, procuraré conectar los contenidos con problemas, experiencias y situaciones reales.

  1. Desarrollaré pensamiento, no solamente respuestas.

Una respuesta correcta no siempre demuestra comprensión.

Me interesa que el estudiante pueda:

  • explicar;
  • justificar;
  • comparar;
  • cuestionar;
  • establecer relaciones;
  • formular hipótesis;
  • resolver problemas;
  • tomar decisiones.

Mi objetivo no será únicamente que sepan qué pensar, sino que desarrollen herramientas para pensar.

  1. El docente será guía, no protagonista absoluto.

Mi autoridad como docente no debe depender de ser la persona que posee todas las respuestas.

Debe construirse también a partir de mi capacidad para:

  • formular buenas preguntas;
  • diseñar experiencias;
  • orientar procesos;
  • detectar dificultades;
  • proporcionar herramientas;
  • acompañar el descubrimiento.

No necesito tener siempre la última palabra; necesito ayudar a que el estudiante encuentre mejores preguntas y mejores respuestas.

  1. Haré del aprendizaje una experiencia significativa.

Aprender no debería reducirse a cumplir instrucciones.

Procuraré que exista:

curiosidad → descubrimiento → comprensión → práctica → aplicación → reflexión.

Por ello, utilizaré narrativas, problemas, juegos, experimentación, tecnología y situaciones concretas cuando realmente aporten al aprendizaje.

La herramienta estará al servicio de la experiencia; nunca la experiencia al servicio de la herramienta.

  1. Enseñaré también a aprender.

Uno de los objetivos más importantes de la educación es que el estudiante pueda continuar aprendiendo cuando el docente ya no esté presente.

Por eso procuraré desarrollar:

  • autonomía;
  • curiosidad;
  • metacognición;
  • pensamiento crítico;
  • capacidad para buscar información;
  • capacidad para evaluar información;
  • confianza para enfrentar problemas desconocidos.

El éxito de mi enseñanza no se medirá solamente por lo que el estudiante sabe al terminar una clase, sino por lo que es capaz de aprender después de ella.

  1. Nunca dejaré de aprender para poder enseñar.

La docencia exige actualización permanente.

No solamente en contenidos, sino también en:

  • pedagogía;
  • tecnología;
  • sociedad;
  • investigación;
  • comunicación;
  • nuevas formas de aprender.

Mi trabajo docente no termina cuando termina la clase.

También debo observar, cuestionar, investigar, experimentar y revisar mi propia práctica.

Porque un docente que deja de aprender corre el riesgo de enseñar únicamente desde lo que alguna vez aprendió.

La versión condensada

Si quisiéramos convertir todo esto en algo que puedas colocar incluso en tu espacio de trabajo, página web o presentación profesional, lo reduciría a diez frases:

  1. Comprender antes que memorizar.
    2. Preguntar antes que responder.
    3. Experimentar antes que repetir.
    4. Descubrir antes que recibir.
    5. Equivocarse para aprender.
    6. Conectar el conocimiento con la realidad.
    7. Desarrollar pensamiento, no solamente respuestas.
    8. Hacer del estudiante protagonista de su aprendizaje.
    9. Enseñar a aprender, no solamente a estudiar.
    10. Seguir aprendiendo para poder enseñar.

Y creo que hay una frase que podría funcionar como principio rector de todo el decálogo:

“Mi trabajo no consiste en enseñar respuestas; consiste en crear las condiciones para que mis estudiantes aprendan a descubrirlas, comprenderlas y cuestionarlas.”