¿Será sandía o la vieja del otro día?

Polémicas acerca del indigenismo durante la época colonial

México es un país cuya cultura tiene su base en la herencia indígena y española. Somos el producto de un proceso sincrético, es decir, de la fusión de dos partes: en este caso, los españoles conquistadores y los pueblos aborígenes.

Casi el 95 % de la población total del territorio mexicano tiene sus raíces culturales y biológicas en la interacción y posterior fusión de las culturas mencionadas. En un país donde la base de su sociedad se da en el mestizaje, pero que aún no es consciente de su herencia, resulta difícil cimentar un futuro prometedor y próspero.

En este artículo analizamos los acontecimientos históricos que dieron origen al problema del indigenismo en la sociedad actual. Se parte de la premisa de que nuestro presente se compone de un reflejo del pasado.

Sucesos históricos del descubrimiento y conquista de América

1492 fue un año que divide la historia de Occidente, al configurarse en los mapas la existencia de una gran extensión de tierra, denominada años más tarde como América.

El descubrimiento del Nuevo Mundo puede verse desde diferentes perspectivas: la fatalista, que sostiene que el acontecimiento representó una sistemática destrucción de las culturas aborígenes, y una visión más favorable, que afirma que, tanto para los habitantes originarios del continente americano como para aquellos que llegaron a estas tierras, cambió la concepción de lo que es el mundo y la humanidad.

Cuenta la historia que Cristóbal Colón buscaba apoyo en las diversas cortes europeas para organizar una campaña naviera que lograra establecer una nueva ruta hacia las Indias. Lo novedoso del plan colombino no fue la ruta que rodeaba África, sino que proponía llegar a los mercados de especias más importantes de la época rodeando el mundo o la tierra, al afirmar que la configuración del planeta no era plana como se creía. Sin embargo, como todos sabemos, Colón no llegó a las Indias, pues se encontró con una vasta extensión de tierra que creyó era su destino proyectado.

Las noticias que anunció Colón a su retorno a España, financiadora de la empresa, motivaron a otros aventureros a buscar las riquezas que se vislumbraban en esas tierras. Con estos hechos se inicia la etapa de la conquista, que se prolongó por más de 100 años.

La existencia de las tierras descubiertas como un continente en la concepción del mundo se debe a dos sucesos: cuando en 1507 Américo Vespucio, un florentino, afirmó que la gran extensión de tierra no pertenecía al continente asiático; y los colosales viajes de Magallanes-Elcano, que permitieron tener una idea de la distancia que mediaba entre Asia y el Nuevo Mundo.

Si bien el mérito del descubrimiento físico se debe a Colón, la concepción ideológica corresponde a Vespucio, debido a que él propone el nombre de “Nuevo Mundo” a las tierras descubiertas por el primero.

 “…el nombre de Nuevo Mundo les conviene muy exactamente, pues nuestros antepasados ignoraban del todo su existencia. Mi último viaje ha demostrado que se ha descubierto un continente cuya población es más numerosa y su fauna más rica que en Europa, Asia y África.” 

Fragmento de la carta de Américo Vespucio a Lorenzo de Médici, después del viaje de 1501, tras haber llegado hasta la Patagonia.

Como se observa en la transcripción de la carta, Vespucio no propuso llamar a las nuevas tierras “América”. La costumbre de la época era nombrar los sitios descubiertos con una denominación que recordara al descubridor, de manera que se perpetuara su nombre. En este caso, debió ser *Colombus*, *Colombia* u otro que recordara que Colón fue su descubridor.

Sin embargo, a España poco le importaron las observaciones de Vespucio, por las implicaciones políticas que representaba la aceptación de un nuevo continente. Por lo que siguió llamando a las tierras descubiertas por Colón “las Indias”; y, por lo tanto, convocó a su “Consejo de las Indias”, expidió sus “Leyes de Indias”, bautizó para siempre a los aborígenes del Nuevo Mundo como indios, y llamó a los relatos de la conquista y costumbres “crónicas de las Indias”.

Los indígenas en México

En México, el responsable histórico de la conquista recae en el español Hernán Cortés, que llegó a las costas el 21 de abril de 1519, en lo que hoy es la ciudad de Veracruz. Después de las alianzas con los pueblos enemigos de los aztecas y las peripecias e infortunios durante su estadía en Tenochtitlán, Cortés consumó su epopeya el 13 de agosto de 1521 al derrotar al emperador azteca Cuauhtémoc.

Con esa fecha comenzaba la época de la Colonia, donde los españoles intentaron establecer una sociedad igual a la de la España peninsular. Los nombres de los lugares cambiaron por unos más “hispanos”, las edificaciones antiguas fueron destruidas para la construcción de nuevas viviendas acordes con los gustos europeos, y los sistemas religiosos aborígenes fueron desplazados por la cruz y la hostia consagrada.

Los habitantes oriundos del continente, al ver la destrucción sistemática de su cultura, no tuvieron más opción que llorar por su “mundo”, sus costumbres, su vida.

“…Somos gente vulgar, somos perdedores, somos mortales.
Déjennos pues ya morir, déjennos ya perecer,
puesto que ya nuestros dioses han muerto.”

Fragmento del *Coloquio de los Doce*, poema enunciado por los *tlamatinime* en respuesta a los doce frailes franciscanos.

Controversias sobre la naturaleza del hombre americano

Poco después del descubrimiento de América y la posterior conquista de los territorios mexicanos, surgieron voces que aprobaban o desaprobaban la legitimidad de los derechos de los españoles sobre los pueblos recién conquistados.

Francisco de Vitoria, un ilustre pensador español, cabeza rectora de la Universidad de Salamanca en sus *Relecciones Theologicae*, negaba la legitimidad de la conquista y de los derechos del soberano español sobre los pueblos conquistados.

 “…pretender derivar un título justo de dominio del hecho de haber Colón descubierto América, lo estima tan absurdo como si, supuesto el caso de haber sido los americanos quienes descubrieran el Viejo Mundo, pretendiesen aducir por eso el derecho sobre él.”

Francisco Larroyo, *Filosofía iberoamericana* (1989).

La discusión no se limitó a la realidad social de la Nueva España, sino que abarcó a todo el continente. Sin embargo, por la consideración de la Corte Española, en México se dio un desarrollo ideológico significativo, que motivó la creación de un centro de Estudios Generales, para buscar soluciones a los dilemas que se presentaban.

Como consecuencia de las observaciones y argumentos de los intelectuales españoles, surgieron tres tendencias acerca de la naturaleza de los habitantes originarios de América: el hombre bestia, el hombre en desigualdad intelectual y cultural, y el hombre igual al europeo.

El hombre como bestia

Se afirmaba que los hombres aborígenes, por su comportamiento y su aspecto externo, constituían una especie intermedia entre los hombres y los animales.

“…Comen carne humana y son sodométicos (…) No hay justicia (…) alocados, insensatos; no tienen en nada matarse ni matar; no guardan verdad si no es provecho; son inconstantes, ni saben qué cosa es el consejo…”

Tomás Ortiz en un informe dirigido al Consejo de Indias

El hombre en desigualdad intelectual

Concebían a los aborígenes como esencialmente iguales a los europeos, pero necesitaban ser guiados para desarrollar su función social dentro de la sociedad.

“Las condiciones o cualidades que ha de tener el hombre para siervo por natura son, según el filósofo: principalmente, que carezca de juicio de razón, y como mentecato o cuasi mentecato, y finalmente que no se sepa regir.”  

Bartolomé de las Casas, *Historia de las Indias*.

Esta postura puede representar la justificación del proceso de evangelización, que impuso el sistema religioso cristiano y desplazó a las creencias consideradas paganas.

El hombre igual al europeo

La tercera actitud representó una solución satisfactoria para los llamados indígenas. Afirmaba que los hombres aborígenes no solo eran iguales en su esencia, sino que pertenecían como miembros de toda la raza humana, lo que les otorgaba los mismos derechos y privilegios que al hombre europeo.

“…que el que nos parezcan tan idiotas y romos proviene en su mayor parte de la mala y bárbara educación, pues tampoco entre nosotros escasean rústicos poco desemejantes de los animales.”

Francisco de Vitoria, *De indis*.

Conclusión de las respuestas

El Papa Paulo III, en 1537, mediante la bula *Sublimis Deus*, puso término a la discusión, ya larga y a veces violenta, al aceptar como adecuada la tercera actitud.

 “…pueden libre y lícitamente estar en posesión y gozar de tal dominio y libertad, y no se les debe reducir a esclavitud.”

Fragmento de *Sublimis Deus*.

Cabe resaltar que la solución solo se dio en el papel, porque en la realidad la explotación del indígena a favor de los españoles propició un clima de desigualdad social que colmó la paciencia de los aborígenes, aunque solo después de 300 años de dominación española.

A manera de epílogo

La sociedad indígena mexicana ha sufrido una desigualdad social creciente a lo largo de los años. Primero fueron los españoles; ahora son los paisanos quienes se esfuerzan en reducir al “indio” a una mínima expresión cultural, olvidando que fueron ellos quienes sentaron una gran parte de la cultura de lo que hoy es México.

Los españoles, por más que lo intentaron, no lograron desplazar la grandeza de las culturas oriundas de la extensa y exquisita región culturalmente, ahora conocida como Mesoamérica. Ningún país puede enorgullecerse de estar cimentado por dos de las más grandes culturas universales: la náhuatl en el centro y la maya en el sureste, además de otras no menos importantes.

Los españoles sufrieron alteraciones en su diseño original de sociedad y fueron evidentemente influenciados por las culturas naturales de América. Un ejemplo lo podemos observar en el desarrollo de la lengua, donde se incorporaron voces indígenas que han dado un sello característico al español que se habla en nuestro país, y no se diga en regiones como Yucatán, que desarrollaron una manera muy peculiar de hablar.

En fechas actuales, concebir a los indígenas como un sector separado de la sociedad mexicana es una falacia. Los indígenas le han dado razón de ser a nuestra cultura, un sello característico que debemos respetar y mantener, porque les debemos mucho a ellos.

No podemos negar nuestra propia realidad, porque en caso de hacerlo, negamos nuestra propia existencia.

Para saber más :

  • Filosofía mexicana, Antonio Ibargüengoitia.
  • Suma milosófica mexicana. Editorial Porrúa (Excelente libro que reseña el desarrollo ideológico de la Nación Mexicana)
  • Francisco Larroyo. La filosofía iberoamericana. Editorial Porrúa. (Historia, formas, temas, polémica, realizaciones de la presencia de la filosofía americana y en América)

Enrique Vidales Ripoll “Chan Boox”
evidales@chanboox.com.mx
Fecha de elaboración : 6 de enero de 1998